
Cuando pasé por la universidad (2004-2009), siendo sincero, tengo que decir que aunque fui bueno para el estudio en el colegio, en este caso no fui tan aplicado. No fui el más nerd, pero tampoco el más vago. Iba a mis clases, cumplía con tareas y presentaba evaluaciones por cumplir. Sin embargo, sí me disfruté la dinámica de “La U”, las amistades y todo el conocimiento que gané (del que no recuerdo mucho de matemáticas).
Ahora que lo pienso, en verdad, aprender es una delicia. ¿A quién no le gusta saber algo que otra persona no sabe? Lo mejor: descubrirlo uno mismo. Es ahora, después de más de 20 años, que pienso que me encantaría volver a la universidad y aprender algo nuevo.
Aquí viene lo triste de aquella linda época. En aquel entonces , muchos de mis compañeros iban por ir, calentaban silla, no les gustaba estudiar y le tenían pavor a un ensayo o a un trabajo de grado.
Eso no cambió en ninguno de mis múltiples escenarios académicos: haciendo posgrados, cursos de ley para las Fuerzas Militares y otras oportunidades que tuve para estudiar algo.
Luego de la universidad me hice militar. Ingresé a la Armada como Oficial y allí he pasado los últimos 15 años de mi vida donde, a diferencia del ámbito académico, ha sido el aspecto profesional y laboral el que me ha dejado con deseos de algo más grande; muchos tripulantes con un desempeño que podría ser siempre mejor y una organización con muchas oportunidades para innovar y crear grandes iniciativas para elevar la calidad de su misión.
Teniendo en cuenta estas experiencias, lo que he vivido y aprendido por cuenta propia, he decidido compartir un concepto personal que considero que sería maravilloso si pudiéramos implementarlo al interior de toda organización para llevarla a su excelencia: Optimización Personal.
Espero que este contenido sea de tu agrado.
Gracias por estar aquí.
Rafael.